Innovación en los procesos de aprendizaje

Los modelos pedagógicos tradicionales entran en crisis con las posibilidades y los desafíos que presenta la era digital. Hemos observado en los últimos años la emergencia de nuevos modelos, formatos, plataformas y propuestas que interpelan a los docentes y estudiantes para que se replanteen los procesos de aprendizaje desde una nueva mirada. Muchas instituciones están tratando de incorporar en sus modelos educativos estas nuevas maneras de aprender para promover la innovación y la creatividad para dar cabida a las nuevas competencias que se requieren en el mundo global. Sin embargo, si bien hay algunas iniciativas a nivel global que implican auténticos y profundos cambios en los procesos de aprendizaje (como los casos de Team Labs o Minerva, por ejemplo), todavía estamos lejos de comprender e incorporar en las instituciones educativas formales las transformaciones que se requieren.

Los obstáculos que hay que resolver se presentan en varios niveles. En primer lugar, los procesos de innovación educativa se asocian de manera simplista con la incorporación de tecnologías en el aula o en los procesos de aprendizaje. Las instituciones no trabajan sobre una reflexión crítica sobre el papel de la tecnología en la economía del conocimiento o como parte de la reproducción del sistema social y el papel que debe jugar la educación en estos procesos. En el caso de México, tanto a nivel de política pública, como de instituciones educativas públicas y privadas la incorporación de la tecnología va de la mano con alianzas estratégicas con corporaciones tecnológicas que ofrecen a los gobiernos e instituciones conectividad, programas de formación, hardware y software para mantener clientes y usuarios cautivos de sus productos. Tampoco se discute el tema de la industria de los datos personales y una cultura del derecho a la privacidad como parte de las competencias que deben desarrollar docentes y estudiantes. Un último aspecto es la comprensión limitada del manejo de la tecnología y el desarrollo de competencias tecnológicas que se circunscriben a cuestiones operativas y no se vinculan con procesos de participación ciudadana y colaboración social que trasciendan las fronteras del salón de clases. La incorporación de las tecnologías en los procesos de aprendizaje se limita al uso de herramientas, apps y plataformas para el desarrollo de actividades durante la práctica docente.

Otro obstáculo importante son los modelos pedagógicos. ¿Hay una auténtica reflexión sobre los procesos pedagógicos, el papel de la educación, la naturaleza y el propósito del aprendizaje? En la mayoría de los casos, los maestros ni siquiera hacen explícita su adscripción a una teoría pedagógica, a una filosofía de enseñanza que promueva algún tipo de valor o que oriente su práctica docente a un objetivo más allá del disciplinario. No se habla de teorías pedagógicas, sino de estrategias, técnicas didácticas o plataformas. Por ejemplo, hablar de “flipped classroom” como estrategia o de los MOOC como plataformas o incluso renovar las arquitecturas de aprendizaje no necesariamente transforma la educación ni motiva la innovación en los procesos de aprendizaje si no cuestionamos, por ejemplo, que sea el maestro o la institución quienes sigan tomando las decisiones sobre el proceso bajo esquemas rígidos y tradicionales (programas de estudio pre-establecidos, aplicación de exámenes, tomar clase en “salones de clase”, pasar asistencia, seguir procesos lineales de aprendizaje, sistema de evaluación decidido por el maestro, etc.). Las discusiones pedagógicas actuales sobre cómo, para qué, con quién, por qué, con qué aprender, dónde aprender (Suárez, 2014) y procesos de agenciamiento o empoderamiento de los estudiantes, si se dan, quedan en planteamientos o declaraciones, pero no se materializan en las prácticas docentes cotidianas puesto que se siguen manteniendo las estructuras de la enseñanza tradicional, verticales y jerárquicas donde los estudiantes no tienen participación ni poder de decisión sobre su propio proceso de aprendizaje.

Otro problema es la ausencia de reflexión sobre los procesos contemporáneos de producción, circulación y consumo de conocimiento y los procesos de innovación social. ¿Cuál es el lugar de México en la sociedad del conocimiento? ¿Por qué la producción de conocimiento (abierto) es relevante para la transformación social y para la difusión de la cultura?¿Cómo se debe entender la innovación (más allá de las patentes)? ¿Cuál es el debate actual sobre el papel del conocimiento en la economía?¿Qué nuevos procesos están surgiendo?¿Cuáles son las propuestas emergentes sobre innovación social y producción colectiva de conocimiento? ¿Estamos fomentando entre nuestros estudiantes la pasión por el conocimiento? ¿Cómo debe esto impactar los procesos educativos, las políticas institucionales, el desarrollo de espacios, metodologías y estrategias para la innovación?

Por tanto, si auténticamente queremos conseguir innovación en los procesos de aprendizaje, es necesario que en realidad transformemos las instituciones educativas, los principios pedagógicos, las políticas, las estructuras, las arquitecturas de aprendizaje y que en nuestra labor docente cotidiana promovamos un auténtico agenciamiento de los estudiantes como los constructores de su propio aprendizaje, sin límites, sin obstáculos, sin restricciones.